Integra-acción para la integración

¿De qué hablamos cuando hablamos de integración?

 “La integración es la adaptación a situaciones nuevas. La adaptación comprende un proceso de asimilación y un proceso de acomodación”, tales conceptos de Jean Piaget hacen referencia a la génesis de la inteligencia. Análogamente, situándonos a un nivel institucional, al nivel de la escuela, integrar alumnos con necesidades educativas especiales a la escuela común, implicará un proceso de asimilación y de acomodación de las estructuras del sistema escolar, de la forma de pensar, de sentir, de llevar a la práctica la acción educativa, implicará también una redefinición de los roles asumidos por los protagonistas.

             ¿De qué hablamos cuando hablamos de integración?, ciertamente no de juntar alumnos con características diferentes, sino de incluir la diferencia, de contemplarla y de utilizar a la integración como un medio para la plena normalización. Ignorar la diferencia, dejarla en manos de la escuela especial, es “cristalizarla”. Hacerse cargo de la misma es comenzar a desandar el camino para crear una escuela para la diversidad.  

           ¿Qué es lo diverso?  Debemos comprender que lo diverso somos todos y no sólo la gente “a integrar”. La idea de integrar no tiene como objetivo anular las diferencias, ni disimularlas, sino disolver, en todo caso, “lo extraño e inquietante” que genera en lo comúnaquel que aprende distinto, habla distinto, mira distinto. Pero, ¿Todos los alumnos con necesidades educativas especiales pueden ser integrados? No. Definitivamente. Creer que podemos más de lo que podemos, que los alumnos tienen posibilidades que no existen, sería un error fatal.

La integración no debe convertirse en una moda, en eslogan para mostrarse más moderno y actualizado a las tendencias que corren. Debemos rescatar en este sentido la valiosísima labor desarrollada desde siempre por las Escuelas de Recuperación. Decir sí a la integración no significa postular la desaparición de las mismas, sino abrir las puertas para que aquellos que sí pueden ser integrados, cuenten con las mejores oportunidades posibles.  

           Algunos alumnos, por sus características personales, por su patología, por su entorno familiar, por su historia previa, contarán con mayores posibilidades de lograr una inclusión exitosa en el ámbito de la escuela común. Estos pueden ser, entre muchos otros, algunos de los elementos que actúen como facilitadores u obstáculos, según el caso, que afecten el proceso de integración.            

 Otros factores importantes tienen que ver con las características de la oferta educativa de las escuelas. La integración debe formar parte del Proyecto Institucional de las escuelas. Si no está contemplada, no sólo no va a integrar, sino que va a des-integrar los proyectos puestos en marcha por la escuela común, va a ser vivida como una carga, como una brasa encendida que nadie quiere tomar en sus manos.            

 Desde hace más de quince años se vienen formulando los mismos interrogantes: ¿Quién efectuá la integración? ¿Es una tarea de la escuela común? ¿Debe guiar este proceso la escuela especial? ¿Es una tarea conjunta? En caso de que así sea  ¿Qué rol desempeña cada una? Es un tema espinoso, pero representa un desafío que debemos plantearnos. No intentamos aquí dar respuestas acabadas a tales interrogantes, si hacer explícitos algunos de ellos y esbozar posibles soluciones.

 La importancia de crear las condiciones de posibilidad para el proceso de integración     

         La integración debe ser encarada por la escuela común adaptando sus estructuras humanas, profesionales, de organización, arquitectónicas, etc. a las necesidades de los alumnos que así lo requieran. En esta tarea, es menester aprovechar los conocimientos que nos brindan las experiencias de integración realizadas hasta el momento, tanto en nuestro país como en el exterior. Cobra singular importancia, en este contexto, el aporte que pueden realizar las Escuelas de Recuperación, con años de experiencia en el campo de la Educación Especial. 

              ¿Está preparada la escuela común para favorecer los procesos de integración de alumnos con necesidades educativas especiales? La realidad parece indicar que no. Evidentemente hay mucho por trabajar en este aspecto. Se necesita producir cambios que tienen que ver tanto con lo ideológico como con lo técnico-pedagógico. No se trata de que los docentes no están capacitados para trabajar con la diversidad, sino de que no tienen, en muchos casos, una actitud positiva hacia la integración, hacia la revisión de los esquemas utilizados exitosamente hasta el momento con alumnos comunes y que requieren adaptación ante las nuevas circunstancias. El docente no debe sentirse sólo en esta tarea difícil, compleja, debe sentirse acompañado por un equipo con idéntica actitud frente a la integración, por padres que crean en la propuesta, por el respaldo que brinda una posición comprometida, asumida desde el ámbito institucional. 

 Integra-acción para la integración  

              No, no es un juego de palabras. Cuando de integración se habla en el ámbito educativo, se hace referencia a la inclusión de la diversidad en la escuela común. Pero si estamos de acuerdo, como mencionamos anteriormente, que integrar no es juntar, sino darle a cada individuo lo que necesita de acuerdo a sus posibilidades y limitaciones, entonces debemos pensar seriamente en qué estrategias se utilizan para el logro de la integración.               

La integra-acción es la estrategia que apunta a la acción integral sobre el individuo, de dos herramientas fundamentales y complementarias. La educación sistemática por un lado y la formación e inserción laboral por el otro.     

           La educación le permitirá al alumno a integrar, aprender, incorporar conocimientos, desarrollar habilidades para la resolución de problemas, socializarse, formarse en una cultura de valores, etc.  El trabajo permitirá su desarrollo como persona y la puesta en acción de sus esquemas de conocimientos y valores, otorgándoles mayor significado y revalorizándolos.               

Cuando la integración deja de lado alguna de estas herramientas, está formando un individuo mutilado, empobrecido. Si sólo se queda con la educación sistemática, corre el riesgo en muchos casos, de convertirse en una estafa, ya que la persona obtendrá un certificado de estudios que no le permitirá una acción real en el campo laboral. Si prescinde de la educación, y utiliza sólo el trabajo como estrategia, estará formando un individuo limitado, que rápidamente encontrará un “techo” a sus posibilidades.     

                                                                       Dante Arnaldo Loto                                                       Licenciado en Ciencias de la Educación

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